
Prácticamente recién llegada a Roma, luego de unos intensos momentos cargados de emociones en mi más querida ciudad de origen, me dispongo a retomar este pequeño espacio que espero no vuelva a dejar aparcado tanto tiempo como hice en esta ocasión.
Lo cierto es que a pesar de lo que en un principio pude pensar, me ha llenado de ilusión el hecho de reencontrarme con esta bonita ciudad, su caos, sus sucias calles irregulares, sinuosas... mi casa... Entre tanto barullo impenetrable uno es capaz de encontrar una pequeñita puerta que le conduzca a la más apacible tranquilidad, siendo incluso este posiblemente el lugar más resguardado en el que uno pueda guarecerse de tan inquietante desorden cambiante.
Esta mañana me he despertado con dificultad, sintiendo mi cuerpo pesado y demasiado perezoso. Sabía que ya era una hora obligada para ponerse en pie, pero aún así, había algo que me lo impedía. Poco a poco he comenzado a ser consciente de por qué mis piernas no querían reaccionar y he intentado hacer memoria. Traer al recuerdo aquello que ni tu mente quiere retomar no es nada fácil puesto que de alguna forma es como intentar hacer algo en contra de tu voluntad. Sueños intensos y desconcertantes me han invadido esta noche, aparentemente sin sentido. Sin embargo, al intentarlos recordar, los he renombrado "pesadillas", a pesar de que según la definición terminológica, no se ajustan mucho a su significado. Las angustias que aquellas pesadillas pudieran causarme en realidad no estaban destinadas en su totalidad a mí, sino a otras personas muy queridas por mí, y eso me ha hecho pensar... ¿Será que el sufrimiento que puedan llegar a tener los seres queridos pueden llegar a ser incluso mucho más intensos que los de uno? ¿Será una manera de sentirlo doblemente?
Lo cierto es que, por desgracia, no he podido o no he querido reconstruir estos extraños "sueños" por completo, pero creo que de forma inconsciente debo saber su sentido. A veces uno sabe más de lo que cree, dicen...
Hoy es un día precioso, soleado... La Via Prenestina se levanta imponente, brillante y con ganas de proporcionarnos el ruido que le corresponde a esta humilde casita del cuarto piso. Mientras el sol golpea contra mi espalda, intento reflexionar acerca de esos días en Madrid, en mi barrio, con mi gente... y os doy a todos las gracias por tan bonitos días que me habeis hecho pasar. Llego a Roma cargada de energías para continuar viviendo esta increíble aventura que ojalá no acabe nunca... Me acordaré de todos vosotros y os llevaré conmigo a diario, sin que la distancia o la poca comunicación de a veces, hagan el olvido. Creo sentirme preparada para afrontar esta nueva etapa romana con fuerzas suficientes para asimilar, no solo lo nuevo, sino también lo pasado. Pasado que aunque pasado, continúa en mi presente como si de él mismo se tratara, mientras saludo a lo nuevo con el mismo entusiasmo con el que recuerdo...
Lo cierto es que a pesar de lo que en un principio pude pensar, me ha llenado de ilusión el hecho de reencontrarme con esta bonita ciudad, su caos, sus sucias calles irregulares, sinuosas... mi casa... Entre tanto barullo impenetrable uno es capaz de encontrar una pequeñita puerta que le conduzca a la más apacible tranquilidad, siendo incluso este posiblemente el lugar más resguardado en el que uno pueda guarecerse de tan inquietante desorden cambiante.
Esta mañana me he despertado con dificultad, sintiendo mi cuerpo pesado y demasiado perezoso. Sabía que ya era una hora obligada para ponerse en pie, pero aún así, había algo que me lo impedía. Poco a poco he comenzado a ser consciente de por qué mis piernas no querían reaccionar y he intentado hacer memoria. Traer al recuerdo aquello que ni tu mente quiere retomar no es nada fácil puesto que de alguna forma es como intentar hacer algo en contra de tu voluntad. Sueños intensos y desconcertantes me han invadido esta noche, aparentemente sin sentido. Sin embargo, al intentarlos recordar, los he renombrado "pesadillas", a pesar de que según la definición terminológica, no se ajustan mucho a su significado. Las angustias que aquellas pesadillas pudieran causarme en realidad no estaban destinadas en su totalidad a mí, sino a otras personas muy queridas por mí, y eso me ha hecho pensar... ¿Será que el sufrimiento que puedan llegar a tener los seres queridos pueden llegar a ser incluso mucho más intensos que los de uno? ¿Será una manera de sentirlo doblemente?
Lo cierto es que, por desgracia, no he podido o no he querido reconstruir estos extraños "sueños" por completo, pero creo que de forma inconsciente debo saber su sentido. A veces uno sabe más de lo que cree, dicen...
Hoy es un día precioso, soleado... La Via Prenestina se levanta imponente, brillante y con ganas de proporcionarnos el ruido que le corresponde a esta humilde casita del cuarto piso. Mientras el sol golpea contra mi espalda, intento reflexionar acerca de esos días en Madrid, en mi barrio, con mi gente... y os doy a todos las gracias por tan bonitos días que me habeis hecho pasar. Llego a Roma cargada de energías para continuar viviendo esta increíble aventura que ojalá no acabe nunca... Me acordaré de todos vosotros y os llevaré conmigo a diario, sin que la distancia o la poca comunicación de a veces, hagan el olvido. Creo sentirme preparada para afrontar esta nueva etapa romana con fuerzas suficientes para asimilar, no solo lo nuevo, sino también lo pasado. Pasado que aunque pasado, continúa en mi presente como si de él mismo se tratara, mientras saludo a lo nuevo con el mismo entusiasmo con el que recuerdo...

1 comentario:
AMICAAA!!!...sinceramente me falta el ruido de la querida PRENESTINA y tu pucho asquesoro por las mañanas o tu arrastre de pantuflas molesto!....Mi manchi bella!!...tu amiga del CULO DEL MUNDO! te quiero mel!
besotes!
Publicar un comentario