Poquito a poco comienzo a escribir mis primeros pasitos sobre este nuevo camino que acabo de empezar y que espero no acabe nunca...
En realidad, creo que es la primera vez que por fín consigo llevar acabo algo que desde hace mucho tiempo deseé: comenzar a volar. Lo que para algunos pueda significar una simple aventura, medio de desconexión o huída, para mí se trata de algo necesario que intentaré aplicar a lo largo de mi vida en diversas ocasiones. Y es que así es, por fín conseguí escapar de la rutina y adentrarme en el laberinto que me presenta la ciudad eterna que no para de sorprenderme y de mostrarme su cara más amable, a pesar de los altibajos de la orografía del terreno, siempre presentes en la vida de todo humano.
Conforme va pasando el tiempo me intento convencer a mí misma de que ésta es mi nueva vida y no la de otro/a. Sin embargo, por naturaleza siempre fui demasiado incrédula, más aún de mayor y todavía más si se trata de algo tan extraordinario y novedoso... Es por ello, que aún hoy, ya después de un mes y medio en Roma, todavía me cuesta asumir dónde me encuentro
y lo real que es esto, teniendo en cuenta su propia condición de irrealidad, intrínseca al Erasmus.
De esta forma, no paro de intentar convencerme a mí misma de que no es necesario ir tan rápido (uno de mis más terribles defectos es pretender hacerlo todo al instante), por miedo a que se me pase la oportunidad, a no tener tiempo, a desaprovechar los instantes, minutos, horas...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Mi funf, la salida de casa supone libertad y la consecuente responsabilidad que acarrea esa libertad. Quién mejor para saberlo que tú. Pero el proceso suele ser más inconsciente que conciente, de ahí la confusión o ideterminación de tu condición. Eso te esta pasando, me sigue pasando a mí, y le pasará a mucha gente. Es el proceso natural hacia la maduración. Pero ánimo, no vamos tan mal. Te quiero
Publicar un comentario