Los días lluviosos como hoy son peligrosos para los melancólicos transitorios que intentan salir de sus laberintos oscuros. A veces me siento uno de ellos, y otras veces no... ¿Cómo saber si pertenezco a esa "raza" de seres inmundos? ¿Qué es lo que me hace sentir así?
Es posible que todo humano pueda experimentar en algún momento esa sensación tan desagradable; incluso algunos pueden quedarse allí atrapados por siempre. El retorno es importante si se desea realmente continuar con la vida, no sólo la real, sino también la ficticia, la que está en nuestra cabeza, la que nos acompaña día a día en nuestras andanzas por el mundo, por los diferentes parajes, ya sean desolados o cargados de distracciones.
Por otra parte, existe también la posibilidad de que uno quiera salir de todo eso y le resulte imposible. ¿Qué camino ha de tomar? Pues la vía equivocada puede convertirle a uno en un náufrago dentro de su propio mar de incomprensión y angustia, de tal manera que ni las ansias desefrenadas por salvarse pueden ser realmente una solución.
¿Cuál es la salida? ¿Dove è la uscita? No importan las causas o motivos de tales sensaciones, varían según el individuo. Lo fundamental es la salida.
viernes, 7 de diciembre de 2007
miércoles, 31 de octubre de 2007
Impresiones desde la incompresión acerca de lo nuevo...
Desde la oscuridad de mi cuarto, debido a tratarse de una stanza doppia en la que mi compañera aún duerme, intento aclarar mis ideas dejando que mis dedos consigan deslizarse sobre el teclado de forma mecánica, auntómata... para así poder transmitir sin veladuras, aquello que transcurre por mi mente...
Ya ha pasado casi un mes desde que pisé esta ciudad, y aún me siento desorientada, desubicada, extrangera y extraterrestre a veces. Por mucho que intente centrarme, hacer cosas productivas, no lo consigo... Mi cuerpo está como obstruído, mi mente aletargada, sin ganas de trabajar... ¿Será que gasté mi batería de energías en Madrid? Quizás solo me queden ahora impulsos para salir, relacionarme, emborracharme si se da el caso, y reir... Pero ¿dónde se quedó la chica activa que pasaba las horas recorriendo las calles de Madrid en búsqueda de crear su vida? Será que esta nueva vida consiste en esto? ¿En no hacer nada? ¿O en hacer cosas poco productivas? ¿Será que aún me considero una mera turista dentro de una ciudad que, aunque no lo parezca, se diferencia notablemente de lo que suelo estar acostumbrada...? ¿Una mera turista? Según la palabra se aparece en mis pensamientos, una extraña sensación me recorre todo el cuerpo. ¿Cómo debo sentirme? ¿Qué me tengo que considerar? ¿Turista? ¿Transitoria? ¿Pasajera? ¿Viajera? ¿O tan solo visitante temporal?
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Pasaron unas horas, mi mente se encuentra un poquito más tranquila. Es posible que tal incomprensión manifestada en mis palabras anteriores se debiera también a las pocas horas que he dormido esta noche; sin embargo, algo habrá de verdad en ellas... ¿Cómo saber hasta que grado?
Ya ha pasado casi un mes desde que pisé esta ciudad, y aún me siento desorientada, desubicada, extrangera y extraterrestre a veces. Por mucho que intente centrarme, hacer cosas productivas, no lo consigo... Mi cuerpo está como obstruído, mi mente aletargada, sin ganas de trabajar... ¿Será que gasté mi batería de energías en Madrid? Quizás solo me queden ahora impulsos para salir, relacionarme, emborracharme si se da el caso, y reir... Pero ¿dónde se quedó la chica activa que pasaba las horas recorriendo las calles de Madrid en búsqueda de crear su vida? Será que esta nueva vida consiste en esto? ¿En no hacer nada? ¿O en hacer cosas poco productivas? ¿Será que aún me considero una mera turista dentro de una ciudad que, aunque no lo parezca, se diferencia notablemente de lo que suelo estar acostumbrada...? ¿Una mera turista? Según la palabra se aparece en mis pensamientos, una extraña sensación me recorre todo el cuerpo. ¿Cómo debo sentirme? ¿Qué me tengo que considerar? ¿Turista? ¿Transitoria? ¿Pasajera? ¿Viajera? ¿O tan solo visitante temporal?
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Pasaron unas horas, mi mente se encuentra un poquito más tranquila. Es posible que tal incomprensión manifestada en mis palabras anteriores se debiera también a las pocas horas que he dormido esta noche; sin embargo, algo habrá de verdad en ellas... ¿Cómo saber hasta que grado?
domingo, 28 de octubre de 2007
Primeras pisadas hacia lo desconocido...
Poquito a poco comienzo a escribir mis primeros pasitos sobre este nuevo camino que acabo de empezar y que espero no acabe nunca...
En realidad, creo que es la primera vez que por fín consigo llevar acabo algo que desde hace mucho tiempo deseé: comenzar a volar. Lo que para algunos pueda significar una simple aventura, medio de desconexión o huída, para mí se trata de algo necesario que intentaré aplicar a lo largo de mi vida en diversas ocasiones. Y es que así es, por fín conseguí escapar de la rutina y adentrarme en el laberinto que me presenta la ciudad eterna que no para de sorprenderme y de mostrarme su cara más amable, a pesar de los altibajos de la orografía del terreno, siempre presentes en la vida de todo humano.
Conforme va pasando el tiempo me intento convencer a mí misma de que ésta es mi nueva vida y no la de otro/a. Sin embargo, por naturaleza siempre fui demasiado incrédula, más aún de mayor y todavía más si se trata de algo tan extraordinario y novedoso... Es por ello, que aún hoy, ya después de un mes y medio en Roma, todavía me cuesta asumir dónde me encuentro
y lo real que es esto, teniendo en cuenta su propia condición de irrealidad, intrínseca al Erasmus.
De esta forma, no paro de intentar convencerme a mí misma de que no es necesario ir tan rápido (uno de mis más terribles defectos es pretender hacerlo todo al instante), por miedo a que se me pase la oportunidad, a no tener tiempo, a desaprovechar los instantes, minutos, horas...
En realidad, creo que es la primera vez que por fín consigo llevar acabo algo que desde hace mucho tiempo deseé: comenzar a volar. Lo que para algunos pueda significar una simple aventura, medio de desconexión o huída, para mí se trata de algo necesario que intentaré aplicar a lo largo de mi vida en diversas ocasiones. Y es que así es, por fín conseguí escapar de la rutina y adentrarme en el laberinto que me presenta la ciudad eterna que no para de sorprenderme y de mostrarme su cara más amable, a pesar de los altibajos de la orografía del terreno, siempre presentes en la vida de todo humano.
Conforme va pasando el tiempo me intento convencer a mí misma de que ésta es mi nueva vida y no la de otro/a. Sin embargo, por naturaleza siempre fui demasiado incrédula, más aún de mayor y todavía más si se trata de algo tan extraordinario y novedoso... Es por ello, que aún hoy, ya después de un mes y medio en Roma, todavía me cuesta asumir dónde me encuentro
y lo real que es esto, teniendo en cuenta su propia condición de irrealidad, intrínseca al Erasmus.
De esta forma, no paro de intentar convencerme a mí misma de que no es necesario ir tan rápido (uno de mis más terribles defectos es pretender hacerlo todo al instante), por miedo a que se me pase la oportunidad, a no tener tiempo, a desaprovechar los instantes, minutos, horas...
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